El Wendigo
El hambre que camina: cuanto más devora, más flaco y más alto se vuelve

| Otros nombres | Windigo, Witiko |
|---|---|
| Región | Bosques boreales de Canadá y los Grandes Lagos |
| Primer avistamiento | Tradición algonquina, relatos desde el siglo XVII |
| Tipo de criatura | Espíritu maligno / caníbal |
| Peligrosidad | ☾☾☾☾☾ |
El espíritu del invierno y del hambre
En la tradición de los pueblos algonquinos, el Wendigo es lo que le pasa a un ser humano que cede al canibalismo en lo más crudo del invierno: el espíritu del hambre lo posee y lo transforma. Se le describe altísimo y esquelético, con la piel pegada a los huesos, los labios roídos y un corazón de hielo. Su maldición es perfecta: cada bocado lo hace crecer, así que su hambre no puede saciarse jamás.

La psicosis del Wendigo
No es solo un cuento junto al fuego. La etnografía documentó durante los siglos XVIII y XIX decenas de casos de «psicosis windigo»: personas convencidas de estar transformándose, con un ansia creciente de carne humana, que suplicaban ser ejecutadas antes de hacer daño a los suyos. El caso del cazador cree Swift Runner, ahorcado en 1879 tras devorar a su familia a pocos kilómetros de un puesto con comida, sigue siendo uno de los expedientes más oscuros de Canadá.

Un monstruo con moraleja
Los antropólogos leen en el Wendigo un mecanismo de defensa cultural: el tabú absoluto contra el canibalismo, encarnado en un monstruo. Otros señalan que también encarna la codicia —el que toma más de lo que necesita se convierte en devorador—. En los bosques del norte todavía hay cazadores que no acampan donde el viento silba «con voz de persona», por si el hambre anda esa noche de caza.