El Charlie Charlie Challenge es el reto de los dos lápices: una hoja dividida en cuatro, dos lápices en cruz y una pregunta en voz alta, «Charlie, Charlie, ¿estás aquí?». Si el lápiz de arriba gira hacia el Sí, el juego ha empezado. En mayo de 2015 dio la vuelta al mundo en cuestión de días y todavía hoy es uno de los juegos de miedo más buscados.

Lápices cruzados sobre una libreta para Charlie Charlie

De dónde viene

Antes de tener nombre en inglés, el juego ya existía en Latinoamérica como «el juego de la lapicera» o «el juego del lápiz», sobre todo en México y en la República Dominicana, donde generaciones de escolares lo jugaban en el recreo. La leyenda cuenta que Charlie es el espíritu de un niño, o según otras versiones un demonio mexicano, que responde a quien le pregunta con educación.

El salto a fenómeno global llegó con las redes sociales. Un puñado de vídeos grabados en el aula, con el lápiz girando solo y los gritos de fondo, se viralizaron con la etiqueta #CharlieCharlieChallenge y en pocos días el reto estaba en todos los idiomas. De ahí que hoy se conozca por su nombre inglés incluso en los países donde nació.

Qué necesitas

Una hoja de papel, dos lápices iguales, una mesa plana y un poco de silencio. Nada más. Que sean lápices y no bolígrafos importa: la sección hexagonal del lápiz es lo que permite que uno quede en equilibrio sobre el otro.

Cómo se juega, paso a paso

Dibuja una cruz en la hoja para dividirla en cuatro cuadrantes. Escribe «Sí» en dos cuadrantes opuestos en diagonal y «No» en los otros dos. Coloca un lápiz sobre la línea horizontal y el otro encima, sobre la vertical, de manera que quede en equilibrio formando una cruz. Cuanto más centrado esté, menos tardará en moverse.

Con la cruz montada, los participantes se colocan alrededor sin tocar la mesa y uno de ellos pregunta en voz alta: «Charlie, Charlie, ¿estás aquí?». Si el lápiz superior gira hacia un Sí, se puede seguir. A partir de ahí las preguntas son siempre de sí o no, y cada respuesta es la palabra hacia la que apunta el lápiz al detenerse.

Para terminar hay que despedirse. Se pregunta «Charlie, Charlie, ¿podemos parar?», se espera a que el lápiz señale el Sí y se dejan caer los dos lápices al suelo. Esta parte es la que casi nadie cuenta y la que da al juego su carácter: la sesión no se abandona, se cierra.

Por qué se mueve el lápiz

El lápiz de arriba descansa sobre una arista del de abajo en un equilibrio muy inestable. Basta la respiración de quienes se inclinan sobre la mesa, una vibración del suelo, una corriente de aire o el propio tablero que no está perfectamente nivelado para que empiece a girar. Como el movimiento es lento y aparece justo después de la pregunta, el cerebro lo asocia con una respuesta. Es el mismo mecanismo por el que un péndulo «contesta»: la física hace el trabajo y la expectativa pone el significado.

Saberlo no estropea el juego. Al contrario, el reto funciona precisamente porque el lápiz se mueve de verdad y nadie lo toca, que es lo que lo hace más inquietante que la ouija, donde siempre hay una mano sobre el puntero.

La versión online

En Esoterium puedes jugar al Charlie Charlie desde el móvil o el ordenador. La pantalla reproduce la hoja con sus cuatro cuadrantes y la cruz de lápices; escribes tu pregunta, el lápiz gira y se detiene en el Sí o en el No. Cada pregunta suma puntos, y con ellos se desbloquean nuevos lápices con diseños distintos. Es la forma de jugar sin hoja, sin mesa y sin esperar a que el aire haga su parte.

Consejos y precauciones

Es un juego de entretenimiento y conviene tratarlo como tal. No es recomendable para niños pequeños que se asusten con facilidad, y en grupo funciona mejor cuando todos aceptan las reglas: preguntas educadas, nada de burlas y despedida al terminar. Si alguien se siente incómodo, se para. El miedo es parte de la gracia, pero solo mientras sea divertido.

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