El Silbón
Si el silbido suena cerca, respira: está lejos. Si suena lejos, reza.

| Otros nombres | El Silbador |
|---|---|
| Región | Los Llanos (Venezuela y Colombia) |
| Primer avistamiento | Tradición oral llanera, siglo XIX |
| Tipo de criatura | Espectro / alma en pena |
| Peligrosidad | ☾☾☾☾☾ |
El hijo maldito
Cuenta la leyenda que fue un muchacho consentido que mató a su padre por no traerle lo que quería. Su abuelo lo azotó, le frotó las heridas con ají y le echó encima al perro tureco; su madre lo maldijo cargando para siempre con un saco lleno de los huesos de su padre. Desde entonces vaga por los Llanos: una figura de hasta seis metros, flaca como una vara, con sombrero de ala ancha y el saco a la espalda.

El silbido que engaña
Su firma es un silbido de siete notas —do, re, mi, fa, sol, la, si— que burla al oído: cuando suena cerca, el Silbón está lejos; cuando suena lejos, lo tienes encima. Los llaneros cuentan que se sienta en los velorios a contar sus huesos y que, si un amanecer te sorprende oyéndolo contar, alguien de la casa morirá. A los borrachos y a los mujeriegos, dicen, les tiene especial afición.

Cómo librarse de él
La tradición ofrece tres salvavidas: el ladrido de un perro tureco, que le recuerda los mordiscos del castigo; el ají picante, que le abrasa las heridas eternas; y el látigo con que lo azotó su abuelo. Por eso en los hatos aún se duerme con un perro cerca y ají colgado junto a la puerta. En las noches sin luna de la sabana, cuando el viento trae siete notas sueltas, nadie sale a comprobar de dónde vienen.